Durante demasiado tiempo mi alma estuvo sentada hambrienta a su mesa; yo no estoy
adiestrado al conocer como ellos, que lo consideran un cascar nueces.
Amo la libertad, y el aire sobre la tierra fresca; prefiero dormir sobre pieles de buey que
sobre sus dignidades y respetabilidades.
Yo soy demasiado ardiente y estoy demasiado quemado por pensamientos propios: a
menudo me quedo sin aliento. Entonces tengo que salir al aire libre y alejarme de los
cuartos llenos de polvo.
Pero ellos están sentados, fríos, en la fría sombra: en todo quieren ser únicamente es-
pectadores, y se guardan de sentarse allí donde el sol abrasa los escalones.
Semejantes a quienes se paran en la calle y miran boquiabiertos a la gente que pasa: así
aguardan también ellos y miran boquiabiertos a los pensamientos que otros han pensado.
Si se los toca con las manos, levantan, sin quererlo, polvo a su alrededor, como si fue-
ran sacos de harina; ¿pero quién adivinaría que su polvo procede del grano y de la amari-
lla delicia de los campos de estío?
Cuando se las dan de sabios, sus pequeñas sentencias yverdades me hacen tiritar de
frío: en su sabiduría hay a menudo un olor como si procediese de la ciénaga: y en verdad,
¡yo he oído croar en ella a la rana!
Son hábiles, tienen dedos expertos: ¡qué quiere mi sencillez en medio de su complica-
ción! De hilar y de anudar y de tejer entienden sus dedos: ¡así hacen los calcetines del
espíritu!
Son buenos relojes: ¡con tal de que se tenga cuidado de darles cuerda a tiempo! Enton-
ces señalan la hora sin fallo y, al hacerlo, producen un discreto ruido220.
Trabajan igual que molinos y morteros: ¡basta con echarles nuestros cereales! - ellos
saben moler bien el grano y convertirlo en polvo blanco.
Se miran unos a otros los dedos y no se fían del mejor. Son hábiles en inventar astucias
pequeñas, aguardan a aquellos cuya ciencia anda con pies tullidos, - aguardan igual que
arañas.
Siempre les he visto preparar veneno con cautela; y siempre, al hacerlo, se cubrían los
dedos con guantes de cristal.
También saben jugar con dados falsos; y los he encontrado jugando con tanto ardor que
al hacerlo sudaban.
Somos recíprocamente extraños, y sus virtudes repugnan a mi gusto aún más que sus
falsedades y sus dados engañosos.
Y cuando yo habitaba entre ellos habitaba por encima de ellos. Por esto se enojaron
conmigo.
No quieren siquiera oír decir que alguien camina por, encima de sus cabezas; y por ello
colocaron maderas y tierra e inmundicias entre mí y sus cabezas.
Así amortiguaron el sonido de mis pasos: y, hasta hoy, quienes peor me han oído han
sido los más doctos de todos221.
Entre ellos y yo han colocado las faltas y debilidades de todos los hombres: - «techo
falso» llaman a esto en sus casas.
Mas, a pesar de todo, con mis pensamientos camino por encima de sus cabezas; y aun
cuando yo quisiera caminar sobre mis propios errores, continuaría estando por encima de
ellos y de sus cabezas.
Pues los hombres no son iguales: así habla la justicia 222 , ¡y lo que yo quiero, eso a
ellos no les ha sido lícito quererlo!

Así habló Zaratustra.
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Esta diatriba contra los doctos es, sin duda, transposición de las vivencias tenidas por Nietzsche du-
rante sus años de catedrático universitario. En la «oveja que pace de la corona de hiedra» de la cabeza de

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