¡Ay, cómo aparecéis ante mí, estériles, con qué costillas tan flacas! Y algunos de voso-
tros se han dado sin duda cuenta de ello.
Y dijeron: «¿Es que un dios nos ha sustraído secretamente algo mientras dormíamos?
¡En verdad, bastante para formarse con ello una mujercilla!211
¡Asombrosa es la pobreza de nuestras costillas!», así han hablado ya algunos de los
hombres del presente.
¡Sí, risa me causáis, hombres del presente! ¡Y especialmente cuando os asombráis de
vosotros mismos!
¡Y ay de mí si no pudiera yo reírme de vuestro asombro y tuviera que tragarme todas
las repugnantes cosas de vuestras escudillas!
Pero quiero tomaros a la ligera, pues yo tengo que llevar cosas pesadas; ¡y qué me im-
porta el que escarabajos y gusanos voladores se posen sobre mi carga!
¡En verdad, no por ello me ha de pesar más! Y no de vosotros, hombres del presente,
debe llegarme a mí la gran fatiga. -
¡Ay, adónde debo ascender yo todavía con mi anhelo! Desde todas las altas montañas
busco con la vista el país de mis padres y de mis madres212.
Pero no he encontrado hogar en ningún sitio: un nómada soy yo en todas las ciudades, y
una despedida junto a todas las puertas.
Ajenos me son, y una burla, los hombres del presente, hacia quienes no hace mucho me
empujaba el corazón; y desterrado estoy del país de mis padres y de mis madres.
Por ello amo yo ya tan sólo el país de mis hijos213, el no descubierto, en el mar remoto:
que lo busquen incesantemente ordeno yo a mis velas.
En mis hijos quiero reparar el ser hijo de mis padres: ¡y en todo futuro - este presente!
Así habló Zaratustra.
206
Otro título previsto por Nietzsche en sus manuscritos para este apartado era: De los hombres del pre-
sente.
207
Expresión bíblica; véase el Salmo 7,10: «Dios, justo, escrutador del corazón y de los riñones». Aquí es
una parábola del «psicólogo», entendido en el sentido de Nietzsche. Véase Ecce homo.
208
Nietzsche se burla aquí del «historicismo», tal como lo había atacado ya en la segunda de sus Consi-
deraciones intempestivas, titulada Sobre la utilidad y la desventaja de la ciencia histórica para la vida.
209
Paráfrasis de las palabras de Aquiles a Ulises en la Odisea, canto XI, versos 489-491: «No intentes
consolarme de la muerte, ilustre Ulises; preferiría ser labrador y servir a otro, a un hombre indigente que
tuviera pocos caudales para mantenerse, a reinar sobre los muertos, que ya no son nada.»
210
Palabras de Mefistófeles en el Fausto, versos 1339-1340. Véase, en esta segunda parte, De la reden-
ción, y la nota 259.
211
Alusión a Génesis, 2, 21: «Entonces Yahvé Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual
se durmió. Y le quitó una de las costillas... y con ella formó una mujer.»
212
Vaterland, Mutterland: «patria» y «matria» sería también otra traducción posible de esas dos palabras
alemanas. Mas este intento de lograr en castellano el mismo juego verbal que en alemán queda roto por el
Kinderland que aparece a continuación. De ahí la traducción: «país de los padres», «país de las madres» y
«país de los hijos».
213
Véase la nota anterior. Al «país de los hijos» vuelve Nietzsche a aludir en la tercera parte, De tablas
viejas y nuevas, 12, y 28. En La pedagogía social como programa politico Ortega alude a esta idea (véase
Obras Completas, 1): «Hay, empero, otra noción de patria. No la tierra de los padres, decía Nietzsche, sino
la tierra de los hijos. Patria no es el pasado y el presente... Es algo que todavía no existe...»
Del inmaculado conocimiento214
Cuando ayer salía la luna me pareció que iba a dar a luz un sol: tan abultada y grávida
yacía en el horizonte.
Pero me mintió con su preñez; y antes creería yo en el hombre de la luna que en la mu-
jerz'215.
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