Y eso a lo que habéis dado el nombre de mundo, eso debe ser creado primero por voso-
tros: ¡vuestra razón, vuestra imagen, vuestra voluntad, vuestro amor deben devenir ese
mundo! ¡Y, en verdad, para vuestra bienaventuranza, hombres del conocimiento!
¿Y cómo ibais a soportar la vida sin esta esperanza, vosotros los que conocéis? No os
ha sido lícito estableceros por nacimiento en lo incomprensible, ni tampoco en lo irracio-
nal.
Mas para revelaros totalmente mi corazón a vosotros, amigos: si hubiera dioses, ¡cómo
soportaría yo el no ser Dios! Por lo tanto, no hay dioses.
Es cierto que yo he sacado esa conclusión; pero ahora ella me saca a mí151. -
Dios es una suposición: mas ¿quién bebería todo el tormento de esa suposición sin mo-
rir? ¿Su fe le debe ser quitada al creador, y al águila su cernerse en lejanías aquilinas?
Dios es un pensamiento que vuelve torcido todo lo derecho y que hace voltearse a todo
lo que está de pie. ¿Cómo? ¿Estaría abolido el tiempo, y todo lo perecedero sería única-
mente mentira?
Pensar esto es remolino y vértigo para osamentas humanas, y hasta un vómito para el
estómago: en verdad, la enfermedad mareante llamo yo a suponer tal cosa.
¡Malvadas llamo, y enemigas del hombre, a todas esas doctrinas de lo Uno y lo Lleno y
lo Inmóvil y lo Saciado y lo Imperecedero!
¡Todo lo imperecedero - no es más que un símbolo!152 Y los poetas mienten demasia-
do153. -
De tiempo y de devenir es de lo que deben hablar los mejores símbolos; ¡una alabanza
deben ser y una justificación de todo lo perecedero!
Crear - ésa es la gran redención del sufrimiento, así es como se vuelve ligera la vida.
Mas para que el creador exista son necesarios sufrimiento y muchas transformaciones.
¡Sí, muchos amargos morires tiene que haber en nuestra vida, creadores! De ese modo
sois defensores y justificadores de todo lo perecedero.
Para ser el hijo que vuelve a nacer, para ser eso el creador mismo tiene que querer ser
también la parturienta y los dolores de la parturienta.
En verdad, a través de cien almas he recorrido mi camino, y a través de cien cunas y
dolores de parto. Muchas son las veces que me he despedido, conozco las horas finales
que desgarran el corazón.
Pero así lo quiere mi voluntad creadora, mi destino. O, para decíroslo con mayor hones-
tidad: justo tal destino - es el que mi voluntad quiere.
Todo lo sensible en mí sufre y se encuentra en prisiones: pero mi querer viene siempre
a mí como mi liberador y portador de alegría.
El querer hace libres154: ésta es la verdadera doctrina acerca de la voluntad y la libertad
- así os lo enseña Zaratustra.
¡No-querer-ya y no-estimar-ya y no-crear-ya! ¡Ay, que ese gran cansancio permanezca
siempre alejado de mí!
También en el conocer yo siento únicamente el placer de mi voluntad de engendrar y
devenir; y si hay inocencia en mi conocimiento, esto ocurre porque en él hay voluntad de
engendrar.
Lejos de Dios y de los dioses me ha atraído esa voluntad; ¡qué habría que crear si los
dioses - existiesen!
Pero hacia el hombre vuelve siempre a empujarme mi ardiente voluntad de crear; así se
siente impulsado el martillo hacia la piedra.
¡Ay, hombres, en la piedra dormita para mí una imagen, la imagen de mis imágenes!
¡Ay, que ella tenga que dormir en la piedra más dura, más fea!
Ahora mi martillo se enfurece cruelmente contra su prisión. De la piedra saltan peda-
zos: ¿qué me importa?

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