¡Ay, si yo supiese atraeros con flautas pastoriles a volver atrás! ¡Ay, si mi leona Sabi-
duría aprendiese a rugir con dulzura! ¡Y muchas cosas hemos ya aprendido juntos!
Mi sabiduría salvaje quedó preñada en montañas solitarias; sobre ásperos peñascos pa-
rió su nueva, última cría. Ahora corre enloquecida por el duro desierto y busca y busca
blando césped - ¡mi vieja sabiduría salvaje!
¡Sobre el blando césped de vuestros corazones, amigos míos! - ¡sobre vuestro amor le
gustaría acostar lo más querido para ella!
Así habló Zaratustra.
139
En los borradores Nietzsche había previsto para este capítulo el título de La segunda aurora.
140
«El sembrador» es imagen evangélica. Véase Evangelio de Mateo, 13, 3 ss.
141
Nietzsche desarrolla con detalle esta idea en esta misma segunda parte, La canción de la noche.
142
Sobre la cizaña y el trigo véase el Evangelio de mateo, 13, 24 y ss. (parábola de la cizaña). También
aquí son los «enemigos» del sembrador los que plantan cizaña entre el trigo.
143
La imagen de «salir en busca de los perdidos» es asimismo reminiscencia evangélica. Véase Evange-
lio de Lucas, 15,4 y ss. (parábola de la oveja perdida).
144
Esta frase es, incluso por su estructura verbal (verwundet bin ich von meinem Glücke), reminiscencia
de las muy conocidas, entre wagnerianos, palabras de Brunilda en el tercer acto del Sigfrido:
«Herido me ha quien me despertó» (verwundet hat mich der mich erweckt). Nietzsche cuenta que, cuan-
do fue a visitar por vez primera a Wagner en Tribschen, estuvo «largo tiempo en silencio ante la casa y
escuchaba un acorde doloroso, continuamente repetido». Ese acorde correspondía al tema del «despertar de
Brunilda».
145
Expresión bíblica. Véase el Salmo 50, 1: «Desde el poniente hasta el levante...»
146
Anticipación del título del apartado siguiente. Véase la nota 149.
147
Expresión bíblica para designar al demonio.
148
El tema de la «sabiduría salvaje» tiene gran importancia como caracterización del saber propio de Za-
ratustra. Véase, en el párrafo siguiente, «leona Sabiduría». Véase también, en esta misma se gunda parte,
De los sabios famosos, donde Zaratustra contrapone esta sabiduría suya al saber de los «sabios famosos»
que aparecen como «animales de carga». Véase asimismo, en la tercer parte, De tablas viejas y nuevas, 2.
En las islas afortunadas149
Los higos caen de los árboles, son buenos y dulces; y, conforme caen, su roja piel se
abre. Un viento del norte soy yo para higos maduros.
Así, cual higos, caen estas enseñanzas hasta vosotros, amigos míos: ¡bebed su jugo y su
dulce carne! Nos rodea el otoño, y el cielo puro, y la tarde150.
¡Ved qué plenitud hay en torno a nosotros! Y es bello mirar, desde la sobreabundancia,
hacia mares lejanos.
En otro tiempo decíase Dios cuando se miraba hacia mares lejanos; pero ahora yo os he
enseñado a decir: superhombre.
Dios es una suposición; pero yo quiero que vuestro suponer no vaya más lejos que
vuestra voluntad creadora.
¿Podríais vosotros crear un Dios? - ¡Pues entonces no me habléis de dioses! Mas el su-
perhombre sí podríais crearlo. ¡Acaso no vosotros mismos, hermanos míos! Pero podríais
transformaros en padres y antepasados del superhombre: ¡y sea éste vuestro mejor crear!-
Dios es una suposición: mas yo quiero que vuestro suponer se mantenga dentro de los
límites de lo pensable.
¿Podríais vosotros pensar un Dios? - Mas la voluntad de verdad signifique para voso-
tros esto, ¡que todo sea transformado en algo pensable para el hombre, visible para el
hombre, sensible para el hombre! ¡Vuestros propios sentidos debéis pensarlos hasta el
final!
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