Terrible cosa es hallarse solo con el juez y vengador de la propia ley. Así es arrojada
una estrella al espacio vacío y al soplo helado de hallarse solo.
Hoy sufres todavía a causa de los muchos, tú que eres uno solo: hoy conservas aún todo
tu valor y todas tus esperanzas. Mas alguna vez la soledad te fatigará, alguna vez tu orgu-
llo se curvará y tu valor rechinará los dientes. Alguna vez gritarás «¡estoy solo!».
Alguna vez dejarás de ver tu altura y contemplarás demasiado cerca tu bajeza; tu su-
blimidad misma te aterrorizará como un fantasma. Alguna vez gritarás: «¡Todo es fal-
so»104!
Hay sentimientos que quieren matar al solitario; ¡si no lo consiguen, ellos mismos tie-
nen que morir entonces! Mas ¿eres tú capaz de ser asesino?
¿Conoces ya, hermano mío, la palabra «desprecio»? ¿Y el tormento de tu justicia, de
ser justo con quienes te desprecian?
Tú fuerzas a muchos a cambiar de doctrina acerca de ti; esto te lo hacen pagar caro. Te
aproximaste a ellos y pasaste de largo: esto no te lo perdonan nunca.
Tú caminas por encima de ellos105: pero cuanto más alto subes, tanto más pequeño te
ven los ojos de la envidia. El más odiado de todos es, sin embargo, el que vuela.
«¡Cómo vais a ser justos conmigo! - tienes que decir - yo elijo para mí vuestra injusticia
como la parte que me ha sido asignada.»
Injusticia y suciedad arrojan ellos al solitario: pero, hermano mío, si quieres ser una es-
trella, ¡no tienes que iluminarlos menos por eso!
¡Y guárdate de los buenos y justos! Con gusto crucifican a quienes se inventan una vir-
tud para sí mismos, - odian al solitario.
¡Guárdate también de la santa simplicidad!106 Para ella no es santo lo que no es simple;
también le gusta jugar con el fuego - con el fuego de las hogueras para quemar seres
humanos.
¡Y guárdate también de los asaltos de tu amor! Con demasiada prisa tiende el solitario
la mano a aquel con quien se encuentra.
A ciertos hombres no te es lícito darles la mano, sino sólo la pata: y yo quiero que tu
pata tenga también garras.
Pero el peor enemigo con que puedes encontrarte serás siempre tú mismo; a ti mismo te
acechas tú en las cavernas y en los bosques.
¡Solitario, tú recorres el camino que lleva a ti mismo! ¡Y tu camino pasa al lado de ti
mismo y de tus siete demonios!
Un hereje serás para ti mismo, y una bruja y un hechicero y un necio y un escéptico y
un impío y un malvado.
Tienes que querer quemarte a ti mismo en tu propia llama: ¡cómo te renovarías si antes
no te hubieses convertido en ceniza!
Solitario, tú recorres el camino del creador: ¡con tus siete demonios quieres crearte para
ti un Dios!
Solitario, tú recorres el camino del amante: te amas a ti mismo y por ello te desprecias
como sólo los amantes saben despreciar.
¡El amante quiere crear porque desprecia! ¡Qué sabe del amor el que no tuvo que des-
preciar precisamente aquello que amaba!
Vete a tu soledad con tu amor y con tu crear, hermano mío; sólo más tarde te seguirá la
justicia cojeando.
Vete con tus lágrimas a tu soledad, hermano mío. Yo amo a quien quiere crear por en-
cima de sí mismo y por ello perece.
Así habló Zaratustra.
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