Como tú eres suave y de sentir justo, dices: «No tienen ellos la culpa de su mezquina
existencia». Mas su estrecha alma piensa: «Culpable es toda gran existencia.»
Aunque eres suave con ellos, se sienten, sin embargo, despreciados por ti; y te pagan
tus bondades con daños encubiertos.
Tu orgullo sin palabras repugna siempre a su gusto; se regocijan mucho cuando alguna
vez eres bastante modesto para ser vanidoso.
Lo que nosotros reconocemos en un hombre, eso lo hacemos arder también en él. Por
ello ¡guárdate de los pequeños!
Ante ti ellos se sienten pequeños, y su bajeza arde y se pone al rojo contra ti en invisi-
ble venganza.
¿No has notado cómo solían enmudecer cuando tú te acercabas a ellos, y cómo su fuer-
za los abandonaba, cual humo de fuego que se extingue?
Sí, amigo mío, para tus prójimos eres tú la conciencia malvada: pues ellos son indignos
de ti. Por eso te odian y quisieran chuparte la sangre.
Tus prójimos serán siempre moscas venenosas; lo que en ti es grande - eso cabalmente
tiene que hacerlos más venenosos y siempre más moscas.
Huye, amigo mío, a tu soledad y allí donde sopla un viento áspero, fuerte. No es tu des-
tino el ser espantamoscas. -

Así habló Zaratustra.
86
Sobre la sangre como argumento de la verdad puede verse, en la segunda parte, De los sacerdotes;
Nietzsche desarrolla esta idea también en el 53 de El Anticristo.
87
Véase Más allá del bien y del mal: «En el elogio hay más entrometimiento que en la censura».

De la castidad

Y o amo el bosque. En las ciudades se vive mal; hay en ellas demasiados lascivos.
¿No es mejor caer en las manos de un asesino que en los sueños de una mujer lasciva?
Y contempladme esos hombres: sus ojos lo dicen - no conocen nada mejor en la tierra
que yacer con una mujer. Fango hay en el fondo de su alma; ¡y ay si su fango tiene ade-
más espíritu!
¡Si al menos fueran perfectos en cuanto animales! Mas del animal forma parte la ino-
cencia.
¿Os aconsejo yo matar vuestros sentidos? Yo os aconsejo la inocencia de los sentidos.
¿Os aconsejo yo la castidad? La castidad es en algunos una virtud, pero en muchos es
casi un vicio.
Éstos son sin duda continentes: mas la perra Sensualidad mira con envidia desde todo
lo que hacen.
Incluso hasta las alturas de su virtud y hasta la frialdad del espíritu los sigue ese, bicho
con su insatisfacción.
¡Y con qué buenos modales sabe mendigar la perra Sensualidad un pedazo de espíritu
cuando se le deniega un pedazo de carne!
¿Vosotros amáis las tragedias y todo lo que destroza el corazón? Mas yo desconfío de
vuestra perra.
Para mí tenéis ojos demasiado crueles, y miráis lascivamente a los que sufren. ¿Es que
vuestra voluptuosidad no ha hecho más que enmascararse, y se llama compasión?
Y también os propongo esta parábola: no pocos que quisieron expulsar a su demonio
fueron a parar ellos mismos dentro de los cerdos88.
A quien la castidad le resulte dificil se le debe desaconsejar: para que no se convierta
ella en el camino hacia el infierno - es decir, hacia el fango y la lascivia del alma89.

31