Instrumento de tu cuerpo es también tu pequeña razón, hermano mío, a la que llamas
«espíritu», un pequeño instrumento y un pequeño juguete de tu gran razón.
Dices «yo» y estás orgulloso de esa palabra. Pero esa cosa aún más grande, en la que tú
no quieres creer, - tu cuerpo y su gran razón: ésa no dice yo, pero hace yo.
Lo que el sentido siente, lo que el espíritu conoce, eso nunca tiene dentro de sí su final.
Pero sentido y espíritu querrían persuadirte de que ellos son el final de todas las cosas:
tan vanidosos son.
Instrumentos y juguetes son el sentido y el espíritu: tras ellos se encuentra todavía el sí-
mismo56. El sí-mismo busca también con los ojos de los sentidos, escucha también con
los oídos del espíritu.
El sí-mismo escucha siempre y busca siempre: compara, subyuga, conquista, destruye.
El sí-mismo domina y es el dominador también del yo.
Detrás de tus pensamientos y sentimientos, hermano mío, se encuentra un soberano po-
deroso, un sabio desconocido - llámase sí-mismo. En tu cuerpo habita, es tu cuerpo.
Hay más razón en tu cuerpo que en tu mejor sabiduría. ¿Y quién sabe para qué necesita
tu cuerpo precisamente tu mejor sabiduría?
Tu sí-mismo se ríe de tu yo y de sus orgullosos saltos. «¿Qué son para mí esos saltos y
esos vuelos del pensamiento?, se dice. Un rodeo hacia mi meta. Yo soy las andaderas del
yo y el apuntador de sus conceptos.»
El sí-mismo dice al yo: «¡siente dolor aquí!» Y el yo sufre y reflexiona sobre cómo de-
jar de sufrir - y justo para ello debe pensar.
El sí-mismo dice al yo: «¡siente placer aquí!» Y el yo se alegra yreflexiona sobre cómo
seguir gozando a menudo - y justo para ello debe pensar.
A los despreciadores del cuerpo quiero decirles una palabra. Su despreciar constituye su
apreciar57. ¿Qué es lo que creó el apreciar y el despreciar y el valor y la voluntad?
El sí-mismo creador se creó para sí el apreciar y el despreciar, se creó para sí el placer y
el dolor. El cuerpo creador se creó para sí el espíritu como una mano de su voluntad.
Incluso en vuestra tontería y en vuestro desprecio, despreciadores del cuerpo, servís a
vuestro sí-mismo. Yo os digo: también vuestro sí-mismo quiere morir y se aparta de la
vida. Ya no es capaz de hacer lo que más quiere: - crear por encima de sí. Eso es lo que
más quiere, ése es todo su ardiente deseo.
Para hacer esto, sin embargo, es ya demasiado tarde para él: - por ello vuestro sí-mismo
quiere hundirse en su ocaso, despreciadores del cuerpo.
¡Hundirse en su ocaso quiere vuestro sí-mismo, y por ello os convertisteis vosotros en
despreciadores del cuerpo! Pues ya no sois capaces de crear por encima de vosotros.
Y por eso os enojáis ahora contra la vida y contra la tierra. Una inconsciente envidia
hay en la oblicua mirada de vuestro desprecio.
¡Yo no voy por vuestro camino, despreciadores del cuerpo! ¡Vosotros no sois para mí
puentes hacia el superhombre! ­

Así habló Zaratustra.
55
Véase la nota 23.
56
Selbst. Se traduce aquí, no por yo, como a veces se hace, sino por sí-mismo. Nietzsche contrapone Ich
(yo) y Selbst (sí-mismo), como puede verse en el párrafo siguiente y, en general, en todo este capítulo.
57
Véase Más allá del bien y del mal 78: «Quien así mismo se desprecia continúa apreciándose, sin em-
bargo, a sí mismo en cuanto despreciador».

De las alegrías y de las pasiones58

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