Hacia lo poco, hacia lo prolongado, hacia lo lejano tienden mi mente y mi anhelo: ¡qué
podría importarme vuestra mucha, corta, pequeña miseria!
¡Para mí no sufrís aún bastante! Pues sufrís por vosotros, no habéis sufrido aún por el
hombre. ¡Mentiríais si dijeseis otra cosa! Ninguno de vosotros sufre por aquello por lo
que yo he sufrido. - -
7
No me basta con que el rayo ya no cause daño. Yo no quiero desviarlo: debe aprender -
a trabajar para mí. -
Hace ya mucho tiempo que mi sabiduría se acumula como una nube, se vuelve más si-
lenciosa y oscura. Así hace toda sabiduría que alguna vez debe parir rayos.
Para estos hombres de hoy no quiero yo ser luz ni llamarme luz. A éstos - quiero cegar-
los: ¡rayo de mi sabiduría! ¡Sácales los ojos!
8
No queráis nada por encima de vuestra capacidad: hay una falsedad perversa en quienes
quieren por encima de su capacidad. ¡Especialmente cuando quieren cosas grandes! Pues
despiertan desconfianza contra las cosas grandes, esos refinados falsarios y comediantes:
-
- hasta que finalmente son falsos ante sí mismos, gente de ojos bizcos, madera carco-
mida y blanqueada, cubiertos con un manto de palabras fuertes, de virtudes aparatosas, de
obras falsas y relumbrantes.
¡Tened en esto mucha cautela, vosotros hombres superiores! Pues nada me parece hoy
más precioso y raro que la honestidad.
Este hoy, ¿no es de la plebe? Mas la plebe no sabe lo que es grande, lo que es pequeño,
lo que es recto y honesto: ella es inocentemente torcida, ella miente siempre.
9
Tened hoy una sana desconfianza, ¡vosotros hombres superiores, hombres valientes!
¡Hombres de corazón abierto! ¡Y mantened secretas vuestras razones! Pues este hoy es de
la plebe.
Lo que la plebe aprendió en otro tiempo a creer sin razones, ¿quién podría - destruírselo
mediante razones?
Y en el mercado se convence con gestos. Las razones, en cambio, vuelven desconfiada
a la plebe.
Y si alguna vez la verdad venció allí, preguntaos con sana desconfianza: «¿Qué fuerte
error ha luchado por ella?»
¡Guardaos también de los doctos! Os odian: ¡pues ellos son estériles! Tienen ojos fríos
y secos, ante ellos todo pájaro yace desplumado.
Ellos se jactan de no mentir, mas incapacidad para la mentira no es ya, ni de lejos, amor
a la verdad. ¡Estad en guardia!
¡Falta de fiebre no es ya, ni de lejos, conocimiento! A los espíritus resfriados yo no les
creo. Quien no puede mentir no sabe qué es la verdad.
10
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